ERNESTO Y MIGUEL: DOS FAROS EN LA REVOLUCIÓN LATINOAMERICANA

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“Mientras haya en el mundo oprimidos y explotados,
lo que debemos obtener no es el desarme,
sino el armamento general del pueblo.
Sólo él podrá asegurar plenamente la libertad.”
Lenin

1229Octubre llegó a ser por circunstancias históricas, un mes de glorias y tragedias para el proletariado internacional. Se convirtió en un mes emblemático y al mismo tiempo en un mes de recuentos y balances. Sin embargo, las distintas circunstancias que le hacen un mes particular, lo convirtieron en un Octubre rojo, en un octubre revolucionario.

Por allá, en Octubre de 1917 estalla la primera revolución proletaria y se instaura el primer Estado Socialista. De ahí en adelante, los acontecimientos históricos contarán con un antes y un después, que marcarán profundamente el destino y perspectiva de los explotados y oprimidos de nuestro planeta. Con la Revolución Soviética se inaugura la referencialidad más importante y significativa de la emancipación social, económica y política de los pueblos, del mundo del trabajo y se eleva la connotación que posee el romper las duras cadenas de la explotación del hombre por el hombre. Por debajo de todo este impactante remesón, se encuentran los fundamentos teóricos del Socialismo Científico, una concepción profunda, rigurosa e integral del desarrollo de la naturaleza, del desarrollo del pensamiento y del desarrollo de la historia, que se constituye por su carácter dialéctico en una poderosa y efectiva herramienta de transformación revolucionaria de la sociedad, una verdadera guía para la acción.

Lenin hizo posible y real los postulados de esta concepción, a partir del asalto que ejecuta el pueblo sublevado al poder de la clase burguesa y capitalista. Con este hecho histórico, se establece que la lucha de clases confirma el carácter irreconciliable de los intereses entre explotados y explotadores, entre opresores y oprimidos y que estas contradicciones se resuelven por la vía del enfrentamiento violento entre las clases en pugna. La revolución soviética deshizo los mitos en cuanto a los medios y métodos, para destrabar los antagonismos entre burguesía y proletariado y acceder a una síntesis superior que expresara un avance objetivo, en términos de la edificación de una sociedad justa que vaya posibilitando la realización plena de la humanidad.

Desatar la creatividad, liberar en los hombres el espíritu inventivo, no temer a las profundas intuiciones de justicia e igualdad social y convertirlas en certezas, transformar a la gran masa de trabajadores en los forjadores conscientes del desarrollo de las fuerzas productivas en paralelo con nuevas y superiores relaciones técnicas y sociales de producción, que subjetiva y objetivamente coloquen a los productores como los dueños de sus productos y ya no medie alienación alguna entre el obrero y su creación. Esta Dictadura del Proletariado que promete ganar desde el combate a la burguesía, todas y cada una de las condiciones materiales e históricas, para fundar un nuevo modo de producir entre los hombres y comenzar aquel transito que anunciara Marx, del reino de la necesidad al reino de la felicidad.

El Che y Miguel, pese a su juventud se hicieron capaces de descubrir en nuestra tierra Latinoamericana, aquel vasto reino de necesidad, acompañado además de su contraparte, un reducido territorio social con un tremendo superávit de avaricia y en condiciones materiales de escandalosa sobreabundancia. La conciencia crítica de ambos, los obliga como un deber a entablar un juicio sin reservas conciliatorias en contra del capitalismo. La realidad se impone con sus paisajes de miseria y pauperismo y les conduce al ejercicio político de dar sentido y justificación científica a la rebeldía que les asaltó en ese proceso de cercanía con la explotación y pobreza de los pueblos. Ellos venidos de una extracción social cómoda, desinstalan sus bien armadas vidas y se proletarizan al asumir en términos teóricos y prácticos el camino de la lucha a muerte contra la injusticia y la desigualdad que propicia el capitalismo.

Como suele ocurrir con todo revolucionario, con aquellos grandes enemigos del capital; es que después de muertos, se les quiere investir de todo un halo romántico e inofensivo, destacando sólo los aspectos domésticos de su conducta y reduciéndoles a una figura fatua. En el caso del Che y Miguel, tampoco ocurrió que se hayan construido a si mismos, un canto épico y que hayan buscado convertirse en los Robín Hood, o en los héroes modernos de los humildes. Lejos de una falsa vocación de compromiso y entrega revolucionaria, el Che y Miguel no se brindaron mucho de su tiempo histórico para sí mismos; a ambos, por el contrario, les falto tiempo para seguir dedicando con el rigor, la responsabilidad y el compromiso político a toda prueba que los caracterizaba; a resolver las pequeñas y grandes cosas del deber revolucionario, las simples y complejas tareas de la organización, las mínimas y máximas capacidades del quehacer político y militar, o dirimir sosegada o rápidamente sobre problemas tácticos y estratégicos.

LIBERALISMO VERSUS LENINISMO

La estatura intelectual del Che y Miguel, pudo ser un sólido piso para que desarrollaran una carrera profesional brillante, y pudo ser también, que aquel apreciado éxito burgués, se adosara a reconocimientos institucionales habidos y por haber, que los hubiere encumbrado al cenit de la complacencia al que sólo las elites pueden acceder, más aún, si los individuos en cuestión, poseen el mérito de la audacia junto con una elevada inteligencia. Para ello, el capitalismo como sistema y la burguesía como clase, han inventado los premios, o las medallas, o las condecoraciones ad-hoc, pertinentes para gratificar a las eminencias servidoras del capital, como ahora ocurre vergonzosamente con el premio Nobel. Pero el Che y Miguel, no sólo poseían una estatura intelectual elevada, sino también una estatura moral enorme que los proyecta más allá de sus fronteras sociales y culturales, propias del medio dentro del cual crecieron y se formaron.

Los individuos formados y condicionados por la cultura occidental-cristiana, poseemos la grave deformación de encontrar justificación a todo aquello que nos limita, que nos anula, que nos neutraliza, que nos acobarda; y con argucias retóricas le atribuimos a los “dioses” o “santos”, las grandes virtudes humanas como la audacia, la valentía, la franqueza y honestidad, como así también la capacidad de ser generosos y solidarios. Todo lo que ha sido potenciado y estimulado por el capitalismo, en cuanto a valores, se entiende como posible de asumir y de vivir, de acuerdo a este espíritu complaciente y contemporizador. Sin embargo, esta misma desidia de la conciencia, convierte de forma unilateral en sueños o utopías, aquello que se considera justo, bueno, necesario, pero inalcanzable para nuestra débil voluntad individualista y mezquina. El Che y miguel, criados y crecidos dentro de esta misma cultura, y sin ser personas “tocadas por los dioses”; tuvieron la capacidad de preparar sus sentidos para estar atento a los acontecimientos que acompañaron sus vidas, y eso mismo, los hace seres humanos dispuestos a escuchar las interpelaciones de la historia. Todos los datos biográficos más importantes de estos compañeros, confirman esta disposición terrenal y tremendamente consciente, de no rehuir, de no des-oir, de no escapar a lo que Pablo Freire el gran pedagogo revolucionario, llamo la Vocación Ontológica del hombre, entendida como el llamado a transformar las condiciones materiales y humanas a favor de la vida; es decir, a este llamado se responde porque en el individuo está dada una disposición biófila (a favor de la vida).

Estos son los hombres y mujeres que se acercan a la ciencia, porque están imbuidos de intuiciones certeras y sienten y viven la libertad de conocer y superar, todo tramo de ignorancia que se establece dialécticamente en los procesos de desarrollo de las personas. El Che y Miguel, llegaron a la certeza de que, la ciencia no complejiza la realidad ni los fenómenos de la realidad, por el contrario, los desentraña, los aclara para que el hombre conozca y desarrolle sus conocimientos. Por el ejemplo que testimoniaron en vida, sabían que la conciencia científica, no puede ni debe alejar a ningún intelectual, ni del mundo ni del resto de los hombres, por el contrario, debe hacerlos humildes y cercanos a sus contemporáneos, así debe ser un verdadero científico, debe ser un sabio, eso en nuestra nomenclatura era convertirse en un cuadro probado de la revolución. La luz, la verdad, no debe jamás envanecer ni ensoberbecer a nadie, porque la luz, la verdad es propiedad de todos los hombres, sólo que en las sociedades de clase, no todos los hombres tienen la capacidad y los mismos privilegios para descubrirla y aprehenderla.

El camino del Che y de Miguel en sus vidas militantes, estuvo cubierto de lo que dieron por resultado los aprendizajes científicos; en ese proceso de compromiso revolucionario, el más intenso y fecundo de sus vidas, ellos lo consagraron a organizar, a formar conciencia, a debatir ideas para desenmascarar y combatir al enemigo con las armas de la teoría, a instalar cada uno concepciones integrales en lo político y lo militar para producir transformaciones revolucionarias en nuestro Tercer Mundo. El día a día de ambos fue un no dejar de hacer, un no dejar de luchar, y a dar una lucha que continua hasta la victoria, siempre. Un proceso que ninguno de los dos envileció con la capitulación, el entreguismo o la traición.

Atento a esa interpelación y citando la Segunda Declaración de La Habana, el Che nos enseña que “en muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable. Ese hecho no lo determina la voluntad de nadie. Está determinado por las espantosas condiciones de explotación en que vive el hombre americano, el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas, la crisis mundial del imperialismo y el movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados.” (1) y esta suerte de radiografía de nuestro continente en lo esencial se mantiene intacta y vigente. Sin embargo, también nos alecciona planteando que “no debemos temer a la violencia, la partera de las sociedades nuevas; sólo que esa violencia debe desatarse exactamente en el momento preciso en que los conductores del pueblo hayan encontrado las circunstancias más favorables.” (2)

Los muchos reveses y las grandes derrotas sufridas en la década de los 70, dieron lugar en América Latina a un retroceso ideológico, en el que resurge fortalecido el reformismo, hoy presente como una variante pequeño-burguesa en detrimento del otrora reformismo obrero que encarnaron los Partidos Comunistas vinculados a la Tercera Internacional. Esta nueva variante del reformismo vuelve a revalorizar la democracia burguesa y su legalidad como un camino posible de conquistas de derechos que se traduzca en más equidad y justicia social. Es precisamente frente a este resurgimiento de los mitos e ilusiones reformistas, que el Che cobra también vigencia con sus posiciones revolucionarias y desarma el mito de la conversión democrática de la burguesía: “En las condiciones de conflicto, la oligarquía rompe sus propios contratos, su propia apariencia de ´democracia´ y ataca al pueblo, aunque siempre trate de utilizar los métodos de la superestructura que ha formado para la opresión. Se vuelve a plantear en ese momento el dilema: ¿ qué hacer ?. Nosotros contestamos: la violencia no es patrimonio de los explotadores, la pueden usar los explotados, y más aún, la deben usar en su momento”. (3) Los reformistas de izquierda, hoy cínicamente ondean la imagen del Che como un ícono imitable, al que hay que emular en su ejemplo, sin embargo, la práctica que ejercitan y los objetivos que se plantean, los alejan a grandes zancadas de cualquier propósito revolucionario. Lo importante es que, después de tanto tiempo y tantas sacudidas económicas, sociales, políticas y militares; el Che vuelve a los espacios del debate popular, vuelve a los espacios de lucha de los pueblos y su figura vuelve a señalarnos que la revolución es posible, y que los obreros y los pobres del mundo pueden con la conciencia y las armas, con la valentía y con el coraje, hacer retroceder la maquinaria burguesa e imperialista.

Miguel por otro lado, junto a sus camaradas impulsa el desafió colectivo de construir un partido, que de manera real y efectiva, constituyera una referencialidad claramente alternativa a las concepciones reformistas, sean estas burguesas o del campo popular. Miguel que sabía no se podía construir sobre arena, estima necesario caracterizar con acuciosidad la sociedad en la cual vivíamos y las condiciones materiales exactas que determinaban las contradicciones y los enfrentamientos entre explotados y explotadores. Era preciso, a partir de esas condiciones objetivas establecer un diagnóstico y diseñar para los males del capitalismo la estrategia y tácticas adecuadas de organización y de lucha contra la clase dominante y su sistema. Como Lenin y el Che, Miguel también se impone la seriedad y el rigor en el análisis de esas condiciones materiales objetivas, por esta razón, en un corto plazo fue capaz de estimular con su liderazgo, a una eficaz faena de construcción de un destacamento de vanguardia que de forma clara y distinta, abre para la perspectiva de la clase obrera y el pueblo, una vía de marcado acento clasista y revolucionario. Esta forma y estilo de hacer política, enriquece la dinámica de organización y lucha de los trabajadores, en la medida que por primera vez, la izquierda revolucionaria va instalando en el seno de la clase el debate y la polémica sobre temas que nunca estuvieron presidiendo las discusiones de los obreros, pobladores, estudiantes e intelectuales del campo popular: el problema del poder, el Estado y el mito de la democracia, la violencia revolucionaria, la independencia de clase, etc.

Bajo la conducción lúcida y brillante de Miguel, la militancia revolucionaria asumió un proceso de acumulación, constitución y movilización de fuerzas desde una perspectiva clasista y revolucionaria, que hizo más evidente y colocó en el centro de las discusiones en todos los espacios sociales de los trabajadores y los sectores populares, la contradicción reformismo-revolución. La denuncia y desenmascaramiento de las políticas y planes de la burguesía y el imperialismo, fue una de las permanentes acciones necesarias para Miguel, tareas todas que se expresaron en declaraciones y pronunciamientos públicos, foros y debates que se multiplicaron a lo largo y ancho de nuestro país, mítines y concentraciones masivas, publicaciones y tareas de agitación y propaganda en lugares de trabajo, poblaciones, escuelas y universidades, en cada lugar donde se expresaba la lucha ideológica entre las clases en pugna. Pero también, a Miguel le importó de sobremanera, y al margen de todo sectarismo, desenmascarar y dejar en evidencia las políticas conciliadoras y capitulacionistas del reformismo obrero y del centrismo pequeño-burgués de izquierda, en tanto estas posturas mantenían cautiva ideológicamente, o generando retrocesos significativos en la conciencia y decisión combativa a una franja importante del movimiento obrero y popular.

La izquierda revolucionaria elevó en nuestro país el nivel de la discusión. La estatura maciza de sus dirigentes en lo teórico, puso en entredicho, la mediocridad e ignorancia supina de los politicastros (*) burgueses y reformistas. Faltos de razón histórica, Miguel supo enfrentar y demoler con argumentos sólidos y convincentes, las justificaciones ideológicas de los representantes políticos del sistema. Tal capacidad intelectual y política, le valió a Miguel el respeto y reconocimiento de muchos de sus adversarios, como también de las grandes figuras de la izquierda incluyendo entre estas al Presidente Salvador Allende y al Comandante Fidel Castro. El que Miguel estuviese a la cabeza de un joven partido como el MIR, actuando de manera explosiva en la contingencia política nacional, como debía ser para un partido revolucionario; significaba para los enemigos del pueblo, una terrible amenaza para sus intereses. No se trataba simplemente de una retórica revolucionaria y de exhortaciones políticas de alto nivel; la burguesía y también el reformismo, sabían con propiedad que detrás de aquel dirigente preclaro, franco y combativo, existía todo un proyecto estratégico, existía un Programa Revolucionario y una visión de país, contrapuesta y diametralmente distinta al del Chile que la burguesía y el imperialismo mantenían bajo la opresión capitalista.

El Poder Popular se escuchaba ya como la consigna y demanda central de la clase obrera y el pueblo. El Polo de Reagrupación de Fuerzas que el MIR había propuesto, en un intento por responder a la ofensiva patronal con una contraofensiva popular y revolucionaria, se encarnaba en los Comandos Comunales de Trabajadores, los Consejos Comunales Campesinos y los Cordones Industriales, que surgían como embrionarias formas de Poder Popular y como una fuerza protagónica e independiente de la clase obrera y sectores del pueblo. Contra corriente y contra el tiempo Miguel y la Dirección del MIR se esfuerzan por concretar un mando revolucionario que conduzca exitosamente las luchas del pueblo, lamentablemente esos esfuerzos no prosperan y se desata la contrarrevolución con todas sus consecuencias de persecución y crímenes contra los trabajadores, el pueblo y sus dirigentes sociales y políticos.

A pesar de este revés histórico, Miguel no se asila y se queda a vivir la suerte del pueblo por el que había optado. Nuevamente su energía y vigor revolucionario, lo hacen estar en la primera línea de combate contra la Dictadura. En la clandestinidad Miguel asume la tarea de definir -con la urgencia que exigía aquel momento- la Línea Estratégico-Táctica del nuevo periodo que se iniciaba con el golpe militar de la burguesía. Una vez más pero en condiciones terriblemente adversas, siendo uno de los dirigentes más buscados de Chile; con la misma brillantez y concisión intelectual entrega a su partido, a la clase obrera y al pueblo derrotado, una rigurosa caracterización del periodo que inaugura la Dictadura, y señalando con extraordinaria certeza los caminos que debía recorrer el pueblo para enfrentar a su enemigo de clase, esta vez bajo la forma de un amplio Movimiento de Resistencia Anti-dictatorial. Desde el golpe, los revolucionarios, a pesar de sufrir la represión más enconada, vivirán, trabajarán, lucharán y si es necesario morirán por revertir el repliegue y sacar al pueblo del reflujo al que fue sometido a sangre y fuego.

Miguel elabora y convierte en un nuevo programa revolucionario las tareas y las luchas de la Resistencia Popular. La clase obrera y el pueblo derrotados por su enemigo, debían resistir heroicamente las nuevas y totalmente adversas condiciones y ponerse nuevamente de pie para recuperar sus derechos, soberanía y dignidad, para ello el MIR estableció cuatro grandes objetivos:

– Organizar un vasto y fuerte Movimiento de Resistencia Popular anti-dictatorial.
– Dar la Lucha por la restauración de todas las libertades democráticas.
– Luchar por un Gobierno Democrático Popular y Revolucionario.
– Luchar por una Asamblea Constituyente.

A la cabeza de este empeño y de estas tareas estuvo Miguel en los dos primeros años del periodo contrarrevolucionario, todo un momento de grandes riesgos, de una feroz persecución a su persona, de enorme dificultades para reorganizar y rearmar la organización revolucionaria. Todo un momento, en el que no cabía el descanso, el sosiego y con la muerte detrás de los talones. Miguel pensaba, luchaba y construía la resistencia popular, el tomo la iniciativa, fue el primero en el combate y como le cantó Neruda a José Miguel Carrera, pensamos que él se hace digno de estos profundos y hermosos versos del Canto General:

“Dijiste Libertad antes que nadie,
cuando el susurro iba de piedra en piedra,
escondido en los patios, humillado.”

Miguel al igual que el Che, nos dejan la primera semana de octubre. Ellos consumaron su cita con la historia. Ambos seres humanos íntegros, ambos militantes del Comunismo futuro, ambos marxistas-leninistas, revolucionarios enteros. Cada uno en su propio momento, se jugaron su propia batalla, lejos muy lejos de su pueblo oprimido, explotado. Cada uno en su sitio de combate, de muerte y de silencio. A estos héroes el poeta vuelve a cantarles sus postreros versos:

“Vio los fusiles cuyo hierro
hizo nacer su amor desmoronado,
se sintió sin raíces, pasajero
del humo, en la batalla solitaria,
y cayó envuelto en polvo y sangre
como en dos brazos de bandera.” (**)

Ahora, sólo diremos poéticamente, como en imágenes de ficción cinematográfica, que aquel octubre glorioso de 1917, preparó al Che y a Miguel, como en una estación del tiempo, un encuentro con Lenin, y ellos entonces, tuvieron que desandar desde los años 68 y 74 todo un camino por el que meditabundos retornaron a su encuentro con la madre historia.

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Movimiento Izquierda Revolucionaria

MIR de Chile

Secretariado Nacional

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Citas y aclaraciones Bibliográficas

(*)Denominación despectiva del político poco hábil o inmoral,rastrero, mal intencionado, que actúa con fines y medios turbios.

(**) Neruda Pablo. Poema XXIV José Miguel Carrera. Canto General.

(1) Guevara Ernesto Che. Guerra de guerrillas: Un método. Obras Completas. Pág. 358 Edit. Legasa-B. Aires.

(2) Guevara Ernesto Che. Guerra de guerrillas: Un método. Obras Completas. Pág. 360 Edit. Legasa-B. Aires.

(3) Revista Verde Olivo, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.

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