El Rebelde Nº278

portada final

Esta nueva edición de El Rebelde es lanzada en un contexto político nacional de importancia mportada finalúltiple:

            En primer lugar, este agosto se cumplen 50 años de la fundación de nuestra organización revolucionaria. Sin lugar a dudas será un agosto marcado, para muchos militantes de la izquierda revolucionaria, por la memoria y el recuerdo. Para nosotros, sin perjuicio de lo anterior, es un aniversario más que nos reafirma con gran ímpetu que la rojinegra está aún viva y agrupando a un amplio sector de la izquierda revolucionaria que se niega a ser derrotada por la conformidad y la complacencia de un régimen capitalista que avasalla, desde hace dos siglos, con la clase obrera y los pobres del campo y la ciudad. Es un motivo de orgullo pero a la vez de responsabilidad. Han pasado décadas de ese lejano agosto de 1965 y todavía nuestro pueblo trabajador espera la emancipación definitiva: la derrota del capitalismo y el triunfo de la Revolución Socialista liderada por obreros y campesinos pobres.

            Frente a un nuevo aniversario los revolucionarios consecuentes debemos separar aguas con claridad dentro de la llamada “cultura mirista” o “matriz rojinegra”. Solo hay un tipo de mirista: el revolucionario marxista que asume los problemas propios del desarrollo de la lucha de clases, los problemas objetivos del enfrentamiento político y militar entre las clases antagónicas. El resto de arrogados “miristas” traidores y renegados de todo cuño, no pertenecen ni pertenecerán jamás a nuestra franja revolucionaria ni merecen reconocimiento como tales.

            Durante todo agosto se efectuará un sin fin de homenajes en diversos lugares de Chile y el mundo. Tenemos la convicción de que todos aquellos eventos tendrán real sentido solo si mediante ellos se señala con claridad la imperiosa necesidad de seguir en el camino de la lucha de clases. Camino, por cierto, que asumieron consecuentemente los cientos de militantes que han caído durante estas cinco décadas de lucha revolucionaria, a lo largo y ancho de todo Chile y el mundo. No renegamos; asumimos con rigor y disciplina el camino de la lucha revolucionaria de clases y este agosto ratificamos nuevamente todas y cada una de nuestras convicciones.

            En segundo lugar, más particularmente como organización, esta nueva edición de El Rebelde aparece (no por coincidencia) en el preciso momento en que estamos cerrando un largo e intenso proceso de discusiones políticas que nos ha llevado a redefinir muchos de nuestros planteamientos programáticos y estratégicos fundamentales. Los resultados que estamos alcanzando, los cuales iremos dando a conocer públicamente a partir de esta publicación, nos tienen completamente satisfechos.

            Estamos tan convencidos como siempre de que el camino que hemos elegido, el camino que transitamos desde hace años, es el que nos conducirá a la victoria final. Sentimos orgullo de que al mismo tiempo que ajustamos nuestras concepciones políticas ampliamos y profundizamos nuestro trabajo militante.

            No solamente hemos crecido, el último tiempo, en lugares y sectores donde no habíamos tenido presencia en años, sino que también hemos logrado un reagrupamiento de antiguos militantes miristas quienes, sumergidos en diferentes proyectos políticos y orgánicos (lamentablemente) diferenciados durante largos años, hoy se incorporan plenamente a nuestra organización reforzando con una experiencia incalculable a nuestro contingente de militantes revolucionarios. Por otro lado, quizás más importante que lo anterior incluso, podemos afirmar con seguridad que hemos logrado (durante los últimos dos o tres años de trabajo) penetrar con fuerza y consistencia entre los sectores más activos del embrionario movimiento obrero y popular que se articula por todo Chile.

            Además, durante todo este tiempo hemos conseguido crecer entre la juventud revolucionaria, quienes desde sus puestos de trabajo, poblaciones y aulas asumen en la calle las luchas políticas ofensivas golpeando el corazón mismo del capitalismo y su régimen de miseria. Podemos palpar cotidianamente cómo las nuevas generaciones de jóvenes miristas asumen consecuentemente el legado revolucionario de Miguel y el Che, levantando la rojinegra en cada movilización social que se desata en nuestra patria arrebatada.

            Nuestra juventud es cada vez más consciente de que solo asumiendo la lucha revolucionaria en toda su amplitud y con todas sus consecuencias será posible imponer por la fuerza contra la burguesía y el imperialismo el proyecto socialista de liberación. La juventud revolucionaria de nuestra organización asume el protagonismo en todas las trincheras, reconociendo por ejemplo, con claridad y sin dogmatismo al marxismo como método de análisis y comprensión de la realidad, a la acción política, práctica y ofensiva, y la movilización revolucionaria de masas como el motor de las transformaciones y del desarrollo de la fuerza social revolucionaria.

            Retornando a la idea principal de este punto nos cabe afirmar que las definiciones políticas y estrategias fundamentales del MIR se mantienen intactas respecto al proyecto revolucionario liderado por Miguel Enríquez, Bautista Von Schouwen, Luciano Cruz, Edgardo Enríquez, Arturo Villabela, José Liendo y tantos más.

            En consecuencia, reconocemos que la lucha por el socialismo transitará inquebrantablemente por el camino del enfrentamiento político-militar directo contra la clase dominante aliada con el imperialismo; situación histórica que nos impulsa a concebir el enfrentamiento revolucionario, en todos sus aspectos y bajo todas su formas, de manera continental; definiendo por tanto la unidad internacional de las fuerzas revolucionarias del continente latinoamericano como una tarea estrechamente imbricada al desarrollo de nuestra fuerza política y material a escala local, ya que ésta, por supuesto, se encuentra delimitada en una totalidad histórico-concreta claramente determinada por las condiciones que el régimen capitalista de explotación internacional impone. Dicha senda no es otra que la misma que abrió para nuestro continente la Revolución Cubana, la cual de alguna manera hoy se sintetiza en la figura de Ernesto Che Guevara, y que además se prefiguró con las experiencias y proyectos de la Organización Latinoamericana de Solidaridad y sobre todo (para nosotros) con el ejemplo de la Junta Coordinadora Revolucionaria, JCR, baluarte histórico muchas veces olvidado.

            El MIR de Chile reafirma la convicción histórica de que es la estrategia de guerra revolucionaria la única vía que podrá entregar la victoria a los pueblos explotados y oprimidos del mundo entero, y que dicha vía debe ser transitada por todos los pueblos explotados y oprimidos por el imperialismo.

            El desarrollo objetivo y material de la fuerza social revolucionaria, en el marco de la estrategia de guerra revolucionaria, solo podrá producirse integralmente en la medida que el movimiento obrero y popular se constituya como un actor organizador y dinamizador de la lucha reivindicativa en un plano ofensivo y supra-coyuntural. Tal como hemos afirmado múltiples veces, aquel desarrollo solo se puede generar “en caliente”; en el enfrentamiento directo entre la clase obrera y los pobres del campo y la ciudad contra los dueños del poder y la riqueza que dominan y controlan la economía y el poder político. Bajo aquella perspectiva es que se vuelve clave el impulso de la movilización revolucionaria de masas como eje articulador de las formas de lucha del conjunto del movimiento de masas. Dicho de otro modo, solo la combinación de la lucha violenta con la lucha política, de las luchas defensivas con las luchas ofensivas, podrá dar como resultado el robustecimiento de una fuerza social revolucionaria aquilatada en el enfrentamiento revolucionario entre clases antagónicas en pugna.

            La estrategia revolucionaria del MIR plantea el desarrollo de la lucha político-militar como eje vertebrador del conjunto de nuestra actividad militante, por tanto nuestro crecimiento organizativo se perfila desde un principio bajo una serie de rasgos tendientes al aseguramiento de nuestro esfuerzo orgánico. Nos referimos a que en el momento mismo que asumimos consecuentemente el desarrollo de la lucha armada como medio para la conquista del poder político, nos comprometemos a conformar un partido revolucionario de características y rasgos político-militares, clandestino, conspirativo y compartimentado. Debido a los rasgos y características propias del Estado policial y contra-insurgente imperante en Chile y toda la América Latina gobernado por la burguesía, cualquier organización revolucionaria que no se plantee la necesidad de un modelo organizativo con los rasgos anteriormente señalados está condenada a la derrota o, peor aún, a la capitulación.

            En tercer lugar, esta edición de El Rebelde se presenta en un contexto internacional, regional y nacional lleno de particularidades y condiciones específicas de la lucha de clases que vale la pena repasar, aunque sea de manera más o menos somera.

            Elementos generales sobre la situación política en Europa: el capitalismo en ningún caso se encuentra agonizante, no obstante padece de una crisis económica y política de envergadura histórica. Las democracias capitalistas fundadas después de la segunda guerra mundial por todo Europa occidental venían mostrando claros signos de agotamiento desde la década de los 80’s. Un régimen político diseñado para la exclusión social no podía encontrar otro camino que la ruptura objetiva entre los dominadores y los dominados. Ya en la década de los 90’s la crisis orgánica se comenzó a vislumbrar de manera más evidente. No obstante, si bien los niveles de participación electoral decayeron a sus mínimos históricos, el régimen se mantuvo incólume. Puesto que las condiciones de vida de la población trabajadora y de los grupos sociales intermedios europeos se habían mantenido relativamente estables (los efectos del fin del Estado de bienestar aún no se extendían con tanta profundidad) los problemas de la crisis de participación en ciernes no lograban descollar gobiernos ni afectar la estabilidad de la clase dominante europea.

No obstante, la implementación profunda y cabal de las recetas más liberalizantes fueron provocando la reactivación gradual de algunos sectores más organizados de la clase trabajadora europea. En dicho proceso (crisis de participación y reactivación gradual del movimiento obrero) es que la crisis económica mundial estalla en los Estados Unidos para luego a extenderse, en primera instancia, a Europa y luego al resto del mundo. Si bien Europa venía perdiendo gran parte de su capacidad de crecimiento desde los años 70’s, la nueva crisis arrojó a las economías europeas más débiles, aquellas subordinadas al capital europeo central (Alemania, Francia y Reino Unido), directamente al tacho de la basura. La clase trabajadora de los países subordinados al capital centroeuropeo, en el “mejor” de los casos, recibió importantes recortes en sus salarios y en las prestaciones estatales que aún conservaban precariamente (principalmente en Grecia, Portugal, España, Irlanda, Italia); en otros casos la clase obrera pasó directamente a engrosar las cifras brutales de desempleo. Dicha situación, ciertamente insostenible, ha precipitado una crisis política que ha trascendido a prácticamente todo Europa. A la crisis de participación arrastrada desde los años 90’s sobrevino una crisis de legitimidad y representación que ha dado lugar a un importante re-ordenamiento del espectro político producto de la ofensiva de la clase dominante europea sobre los trabajadores del viejo continente.

            Sin ir muy lejos, las grandes novedades en el espectro político de Europa Occidental estarían dadas por el surgimiento de nuevos partidos de izquierda que, asumiendo parte importante de las demandas de los sectores más dinámicos durante los últimos años, han intentado convertir la resistencia obrera, la lucha y la movilización en simples y miserables votos. Evidentemente nos referimos al Podemos de España y al Syriza de Grecia, entro otras expresiones menores. Estas fuerzas políticas al poco andar han mostrado claramente sus limitaciones. En el caso griego, estando en el poder y teniendo un abrumador apoyo electoral, el gobierno de Tsipras optó lisa y llanamente por capitular frente a la presión de Alemania y el Fondo Monetario Internacional. Y es que no podía ser de otro modo. Estos grupos populistas, lejos de toda concepción objetiva de la lucha de clases, se han planteado solo ser la izquierda del capitalismo, administrar (quizás de buena fe) un régimen moribundo, medio muerto, imposible de salvar. En el mismo camino trazado por el reformismo latinoamericano (nos referimos a los auto-denominados “progresismos”) estos nuevos sectores europeos no tienen ninguna intensión real de avanzar en políticas realmente anti-capitalistas que barran sin ambigüedad con el régimen de explotación capitalista. La única diferencia entre los gobiernos latinoamericanos y los nuevos grupos europeos es que estos últimos no han sido capaces siquiera de avanzar un centímetro en el sentido de mejorar o estabilizar las condiciones básicas de vida del pueblo griego. Por el contrario, este reformismo burgués ha claudicado al primer mal gesto mostrado por Alemania y el FMI. El Podemos y Pablo Iglesias ha salido inmediatamente al ruedo defendiendo las políticas anti-populares de su socio (e inspirador) griego. La izquierda chilena, vacía de referentes políticos, no dudó en saludar con énfasis y cierto dejo de romanticismo patético el surgimiento de Syrisa y Podemos (incluso grupos “revolucionarios” coquetearon con los imanes de ambos paladines europeos). Algunos, poco más consecuentes con sus miserables planteamientos, han seguido defendiendo la idea de que los referentes europeos son dignos de saludar, no obstante otros simplemente han optado por olvidar el affaire, como si nunca hubiera ocurrido (posición ciertamente aún más misérables que la anterior).

            Es claro que no hay alternativas posibles encabezadas por la izquierda del capitalismo. El régimen de explotación debe ser enfrentado directamente, y estas verdaderas distracciones electorales deben ser superadas por el movimiento de trabajadores organizado de Europa, y sobre todo Grecia. El pueblo trabajador griego salió inmediatamente a las calles a manifestar su rechazo a las políticas liberalizadoras propuestas por el FMI y conciliadas por Tsipras. Ciertamente nadie puede negar que las condiciones políticas y sociales en Grecia se hallan completamente maduras para plantearse abiertamente el problema del poder político. Los trabajadores deben pasar a la ofensiva, ocupando fábricas, enfrentando las políticas de ajuste y rechazando toda política de conciliación. La clase obrera y el pueblo movilizado griego debe asumir su papel como vanguardia y luchar por el desarrollo de su propio poder. No muy diferentes son las alternativas que hoy se presentan para otros países en Europa, tales como España e Italia. Si bien los niveles de movilización son inferiores que los presentes en Grecia, y que la izquierda italiana se encuentra completamente atomizada, hay claras condiciones, como en Francia, para dar pie a un proceso de unidad política y social en base a la lucha anticapitalista directa.

            Situación distinta se vive en el este europeo, donde la coyuntura más relevante es, sin dudas, el desarrollo de la guerra de liberación nacional protagonizada por el pueblo de Novorrosia. La historia es ampliamente conocida: ante el golpe militar fascista en Ucrania propiciado por la Unión Europea y por los Estados Unidos, los pueblos-naciones respondieron con una contraofensiva política y militar tendiente a concretar la anhelada independencia nacional de la Ucrania sub-imperialista y fascista. Evidentemente el no-reconocimiento de todo el mundo occidental-capitalista se hizo patente de forma inmediata y directa, procediendo al despliegue de todo su poderío militar sobre las nacientes Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Dichas repúblicas procedieron rápidamente a la expropiación de los grandes capitales ucranianos y centroeuropeos que dominaban la zona.

Además de ello fue conformado un Consejo Popular (Soviet, en sus siglas nativas) en reemplazo de la democracia burguesa. Acto inmediato se procedió a la conformación de las Milicias Populares que junto al ejército regular han protagonizado una dura guerra durante más de un año. Este proceso no deja de ser interesante, si bien no ha declarado abiertamente el carácter socialista de la transición económica y política que están llevando a cabo, sus reformas caminan manifiestamente en ese sentido, demostrando la viabilidad de las políticas anticapitalistas en un contexto completamente adverso (bloqueo y guerra directa). Por otro lado, el pueblo novorrosso también demuestra que mediante el uso de una estrategia político-militar integral, una guerra popular y de liberación nacional, es posible enfrentar a un ejército tan poderoso como el ucraniano (apoyado además por Estados Unidos y la OTAN).

Elementos generales sobre la situación política en Medio Oriente: no hay desacuerdos respecto a que el imperialismo yanqui ha retrocedido enormemente lo últimos dos años en la región. El propio imperialismo reconoce a regañadientes su derrota parcial. Decimos parcial porque el control económico de la zona, salvo lugares muy específicos, se encuentra en manos directas del imperialismo occidental. También es parcial en el sentido de que fueron destruidos una serie de gobiernos que si bien no eran propiamente anti-capitalistas, representaban una suerte de oposición antiimperialista en la zona. No obstante ello, el control político de la región no fue conquistado en absoluto, ni siquiera en Irak y Afganistán donde el imperialismo centró principalmente sus esfuerzos militares, políticos y económicos.

El revés yanqui comenzó a palparse con la imposibilidad de concretar políticamente sus regiones ocupadas, pero se agudizó y se evidenció más claramente cuando no fueron capaces de derribar al gobierno de Siria. Pese a los esfuerzos económicos y militares invertidos en los grupos islámicos radicales, estos no fueron capaces de lograr el cometido. Sin embargo, gracias al apoyo militar y económico del imperialismo occidental, dichos sectores fueron capaces de constituir un  verdadero ejército popular y reaccionario propio que más tarde sería conocido como Estado Islámico. Dicho monstruo, solamente semejante en brutalidad a lo peor del imperialismo yanqui, las prácticas recurrentes del ejército israelí contra el pueblo palestino y al nazi-fascismo de antaño, hace estragos en todo Medio Oriente, controlando virtualmente las zonas más importantes del antiguo Irak y extendiendo su influencia por otros territorios de Oriente Medio y África.

Los pueblos subyugados de Medio Oriente, sobre todo los pueblos kurdo y árabe, hoy en día no solo tienen que enfrentarse a la brutalidad israelí y yanqui-europea sino que también a un grupo terrorista local provisto de un poder descomunal. Sin embargo, tanto la resistencia popular palestina como las fuerzas populares y revolucionarias kurdas han protagonizado heroicas jornadas de lucha armada. Por un lado, el pueblo palestino continúa enfrentando la ocupación armada de sus territorios, no obstante las fuerzas armadas de la resistencia pudieron enfrentar y sacar adelante la situación proveyendo certeros golpes de mano al ejército terrorista de Israel. El mundo entero conoció de primera mano la agresión salvaje y bestial de los genocidas israelitas y la resistencia de un pueblo que no tiene más salidas que la lucha armada contra una maquinaria militar infinitamente más poderosa.

Por otro lado, no muy lejos tampoco, el pueblo kurdo que lleva décadas luchando en las montañas “turcas” tuvo que enfrentar directamente la agresión del Estado Islámico en la frontera sur de sus territorios históricos. Los guerrilleros y las fuerzas milicianas, con un especial protagonismo femenino, consiguieron resistir y avasallar al Estado Islámico, constituyendo zonas liberadas administradas por gobiernos populares independientes del Estado turco. Tal como lo señalamos  respecto a la situación política en el este europeo, en los territorios kurdos se articula la guerra de liberación nacional con la lucha por una sociedad radicalmente opuesta al capitalismo, además de comprobar la viabilidad y efectividad de la lucha armada contra fuerzas de ocupación infinitamente más poderosas.

Elementos generales sobre la situación política en nuestro continente: nuestra querida Patria Grande también vive convulsiones importantes. Es claro y evidente el agotamiento político que viven los países de la alianza bolivariana. Dichos gobiernos que fluctúan irregularmente entre un reformismo burgués y un reformismo pequeño burgués, en ya más de una década en el poder no han podido dar una salida real al problema de explotación capitalista. No negaremos avances sociales y económicos sustanciales respecto a los gobiernos capitalistas anteriores (nos referimos a Bolivia, Venezuela y Ecuador), sin embargo dichos avances no pasan de ser políticas basadas en el subsidio estatal, no muy diferentes a políticas “progresistas” desarrolladas en antaño por gobiernos populistas latinoamericanos o por la socialdemocracia europea de los años 60’s. Lejos, de todos modos, de ser políticas que tiendan a la destrucción real del capitalismo desde sus cimientos.

            La crisis económica mundial que mella los precios internacionales del petróleo ha dejado entrever la imposibilidad de seguir manteniendo regímenes políticos basados en la dependencia unilateral de las materias primas. Estos gobiernos, ajenos a toda concepción “progresista” no han avanzando ni un acápite en el sentido del desarrollo objetivo de las fuerzas productivas locales; por el contrario, han profundizando una política económica basada en el saqueo de los recursos naturales y el endeudamiento para financiar políticas sociales populistas. No profundizaremos mucho en estos aspectos, mas creemos que la situación de crisis es evidente, la propia reacción burguesa ha logrado reorganizarse en Venezuela gracias a la debilidad de un gobierno vacilante y moderado que no es capaz de pasar a una ofensiva real, entre otras razones, porque sus propios partidos dirigentes y gran parte de su casta burocrática tiene intereses económicos involucrados.

            Si bien la situación en Ecuador y Bolivia es menos grave, en la medida que sigan en el mismo camino y que los apoyos de Venezuela sigan debilitándose a causa de la pérdida del valor del crudo y la crisis política interna, la oposición burguesa retomará la iniciativa política y golpeará las administraciones reformistas. En estos países el contexto político es claro: es el viejo dilema entre reforma y revolución que los trabajadores organizados deben enfrentar sin miramientos intermedios. Los partidos de gobierno, fusionados con el Estado del mismo modo que la burocracia soviética hizo alguna vez, deben ser sobrepasados por los trabajadores quienes deben asumir la tarea de desarrollar el poder revolucionario del proletariado, constituyendo partidos revolucionarios completamente independientes a los partidos reformistas que hoy no hacen más que administrar malamente el capitalismo.

            En otras latitudes, pero sin mayores novedades, en México, Paraguay, Perú y Colombia se atraviesa una situación aguda de lucha de clases. Los narco-Estados burgueses de Paraguay y México despliegan toda su brutalidad contra el pueblo trabajador, en medio de cuya ofensiva diferentes guerrillas mexicanas resisten la arremetida burguesa, pero sin asestar mayores golpes. La unidad de las fuerzas guerrilleras mexicanas debe cuajar de modo que puedan desplegar todo su poderío de manera unitaria y certera contra los aparatos represivos del Estado.

            En el Paraguay se sufre una situación bastante similar a la mexicana. Nuestros hermanos guaraníes han enfrentado prácticamente toda su historia a gobiernos represivos dirigidos por el Partido Colorado. La verdad es que Paraguay jamás ha conocido una “democracia” burguesa –ni la conocerá- tradicional como sí ha ocurrido en otros lugares de nuestro continente. Por el contrario, han vivido en carne propia una represión directa y una súper-explotación sin precedentes. Ni siquiera el gobierno ultra moderado de Lugo fue tolerado por la burguesía paraguaya, aliada al sub-imperialismo brasileño que explota las tierras guaraníes. Frente a dicha situación es que saludamos con emoción y entusiasmo al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) que lucha en las montañas del norte por la defensa de los campesinos y el pueblo trabajador, y por la conquista de un gobierno socialista obrero y campesino. El EPP representa la esperanza revolucionaria de un pueblo que vive a diario la represión, la censura, la expropiación de sus tierras y la súper-explotación, y es un ejemplo para todas las fuerzas revolucionarias que no hemos asumido aún la constitución de fuerzas armadas de ese tipo.

            La situación política y militar en Colombia no ha variado mucho los últimos dos años, pese a las conversaciones entre el gobierno capitalista de Santos y las FARC. Las fuerzas armadas burguesas han mantenido sus ofensivas sobre las fuerzas guerrilleras y sobre la población en general, entregando claras señales en el sentido de que la paz no es una intención real del gobierno de la clase dominante. Por el contrario, es solo un distractor que el gobierno capitalista de turno ha intentado usar en su favor. Las FARC y el ELN lo tienen absolutamente claro, como lo han dejado entrever en innumerables ocasiones por medio de comunicados y declaraciones públicas.

Es claro que una salida pacífica al conflicto colombiano no está en la agenda de la burguesía colombiana, y por tanto tampoco en la heroica insurgencia colombiana. Esperamos que las guerrillas revolucionarias colombianas mantengan una política centrada en el desarrollo de la fuerza propia y la perspectiva objetiva de conquistar el poder político, como lo han hecho durante décadas de lucha revolucionaria. Sabemos que la situación política y militar en Colombia es extremadamente compleja para el pueblo y las guerrillas. Décadas de enfrentamiento, de muerte, tortura y represión brutal contra el pueblo torna complejo el escenario. Sin embargo, no hay caminos intermedios posibles. La propia historia colombiana lo muestra de ese modo. En la práctica, ni la desmovilización del M19 ni la creación de la Unión Patriótica fueron “respetadas” como alternativas legales por la narco-burguesía. La Unión Patriótica en cuanto se convirtió en una fuerza electoral considerable fue inmediatamente reprimida por ésta, aniquilando en pocos años a más de 4500 militantes y encarcelando a otros miles más por el solo hecho se representar una alternativa de izquierda real y legal. Confiamos en que la insurgencia revolucionaria de Colombia no perderá de vista su propia historia y que bajo aquella perspectiva histórica dará pasos certeros en materia de negociación.

            También reconocemos que las posibilidades reales de un triunfo revolucionario en Colombia son muy complejas. Hace décadas que se cursa una situación de equilibrio estratégico de fuerzas donde ni las fuerzas revolucionarias pueden ser derrotadas por el ejército burgués ni las guerrilleras han podido pasar a una ofensiva revolucionaria que realmente pueda conquistar el poder político. Es difícil imaginar un escenario favorable a las guerrillas o al Estado burgués después de tantas décadas de combate. No obstante, confiamos en el ímpetu y la convicción del pueblo trabajador colombiano. Los revolucionarios latinoamericanos debemos comprometer nuestros mejores esfuerzos en dar a conocer y apoyar la insurgencia colombiana en nuestras propias tierras. El cerco comunicacional debe ser contrarrestado, no solamente por solidaridad, sino también porque en Colombia se ubican nada más ni menos que los sectores revolucionarios más avanzados y desarrollados de nuestro continente y al mismo tiempo la contra-revolución más abierta y salvaje.

            Por otro lado, también comprendemos que en la perspectiva histórica de la Revolución Socialista Nuestramericana nuestras organizaciones revolucionarias deben jugarse por desatar luchas revolucionarias directas y armadas, como en Paraguay y México, que disloquen las fuerzas imperialistas, las que hoy el enemigo concentra mayoritariamente en Colombia. Debemos desarrollar nuestra fuerza bajo la perspectiva real del enfrentamiento armado y continental contra toda la bestialidad imperialista.

            Del mismo modo, tenemos que señalar algunas palabras sobre Cuba. Es inevitable y necesario marcar una posición al respecto. Cuba ha sido el faro revolucionario que ha iluminado con mayor intensidad a todos los latinoamericanos que luchamos y trabajamos a diario por la Revolución Socialista. Cuba y su revolución contribuyó con su ejemplo a levantar una izquierda revolucionaria que vivía a la sombra del reformismo más obtuso. Ni hablar de lo que significó en los años 60’s su contribución impagable a las organizaciones revolucionarias que intentábamos ponernos de pie en todo nuestro continente, y la ayuda que nos brindó su Gobierno Revolucionario en los momentos más difíciles de la Resistencia Popular. Ayuda que no fue solo material, sino que también moral. Bien lo sabemos los miristas que viviremos eternamente agradecidos de todo lo que nos entregó la Revolución Cubana durante décadas. Algún día podremos contar esa historia con lujo de detalles y no serán pocos los que se sorprendan de la generosidad de un pueblo indomable e incorruptible.

No obstante todo ello, vemos con preocupación los giros y nuevas orientaciones que la Revolución Cubana viene tomando las últimas décadas, pero sobre todo los últimos años. Claramente, entre todas las reformas económicas y políticas que están siendo implementadas desde el último Congreso del Partido Comunista de Cuba, abren el camino a un desarrolla cada vez mayor de relaciones de producción capitalistas. No negamos la necesidad de que la Revolución corrija todo aquello que merezca ser rectificado, pero nos negamos a aceptar que parte de esas correcciones involucren una apertura, aunque sea gradual, a la apropiación de capital por parte de una minoría nacional o internacional. Comprendemos que el proceso de transición es muy complejo, lleno de altos y bajos; de avances y retrocesos, la transición no es un avance lineal o evolutivo donde esté ausente la necesidad de hacerse correcciones o re-direccionamientos. También comprendemos que la isla se encuentra sola, que ningún país del mundo se halla en una fase de transición socialista y que además no existen procesos revolucionarios lo suficientemente avanzados o desarrollados que perfilen el nacimiento de nuevas repúblicas socialistas.

Sin embargo, pese a esas adversidades, pensamos que el Gobierno Revolucionario y su partido, pero sobre todo su pueblo trabajador, deben hacer lo máximo posible por mantener los logros hasta hoy alcanzados e impedir el retorno del capitalismo. No queremos que nuestra amada Revolución Cubana tome el lamentable camino de China o de Vietnam. El pueblo cubano, formado durante décadas de revolución y compromiso internacionalista, tiene que poner todo de su parte para resistir y derrotar a las corrientes internas que de manera solapada o directa pretenden rendirse. Es menester también señalar que los revolucionarios del mundo entero deben aprestarse a la defensa del socialismo en Cuba, no olvidando jamás que el mejor aporte que podemos hacer es llevar a nuestros pueblos a la victoria final.

Elementos generales sobre la situación política en Chile: nuestro pueblo trabajador atraviesa una profunda convulsión social. Los últimos años de movilización de masas demuestran que el régimen político se encuentra irremediablemente lesionado. La crisis de dirección política que cursa el bloque político en el poder y la estructura de alianzas económicas, sociales y políticas que se articulan como bloque dominante traspasan todas las esferas de la vida social y productiva existentes en nuestra sociedad.

            La crisis de dirección o crisis orgánica se expresa certeramente como una crisis de representación política, participación electoral y representación social sobre el conjunto de las fracciones sociales dominantes y el bloque de alianzas políticas que hegemoniza el ejercicio del poder político en todas sus esferas y dimensiones. Por supuesto esto no es nada nuevo. En general las democracias representativas burguesas, debido a su propia lógica de exclusión social y representación exclusiva de intereses burgueses, ha tendido históricamente a un agotamiento estructural sostenido. En la medida que la democracia burguesa no se expande sustancialmente sobre la base de la inclusión de fracciones sociales diferentes a la dominante da pie, o directamente produce, las condiciones para un divorcio objetivo y subjetivo entre el partido orgánico de los intereses burgueses (todos los partidos capitalistas o pro-capitalistas) y la clase trabajadora explotada y excluida de los mecanismos de participación social (no tan solo electorales).

Son los procesos de desgaste sostenido que vemos en Europa desde hace casi tres décadas y los que vimos también en los países latinoamericanos que vivieron rebeliones populares contra las estructuras y los representantes del poder político y económico (Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela principalmente). En dicho caso, las únicas salidas posibles que se abren, donde la fuerza contenida de las masas explotadas puede ser parcialmente re-canalizada, son las de tipo populista (de derecha o de izquierda).

Es por lo anterior que surgen gobiernos reformistas en medio de la crisis del régimen político burgués, tal como fueron o son los gobiernos en Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. En algunos casos, cuando hay una crítica anti-capitalista más madura en el seno del pueblo, los gobiernos asumen parte de los postulados socialistas, pero abstrayéndolos de todo contenido realmente transformador, limitándose únicamente a una retórica radical mientras despliega una política de estabilización económica y política de tipo capitalista; junto con un régimen de reformas enfocadas a la distribución y la inclusión que no afectan de lleno los intereses de la fracción monopólica de las burguesías locales, las cuales en general se ven fortalecidas (tal como ha ocurrido en Venezuela, Bolivia y Ecuador).

            Volviendo a Chile, las crisis del régimen político y todo el sistema de representación política muestran signos de profundización, las referencias históricas además indican que cuando las democracias burguesas entran en ciclo ascendente de crisis de legitimidad no hacen más que precipitarse durante años o décadas. En aquel plano, la protesta social y de trabajadores, al no existir mecanismos de representación ampliamente reconocidos por los sectores en lucha y al encontrarse definitivamente rota la hegemonía política de la clase dominante, pasan de reivindicaciones puramente defensivas (el no-despido, la resistencia a reformas de flexibilización del trabajo, la defensa de ciertas prestaciones cuanto se encuentran amenazadas) a reivindicaciones ofensivas, tales como la exigencia de un nuevo régimen de trabajo, el aumento de salarios, el mejoramiento en las condiciones del ahorro provisional, mejoramiento en el sistema de salud, en el sistema educacional, etc. Demandas que por supuesto son las que hoy marcan la agenda de movilizaciones de todos quienes hoy se hallan organizados.

            Por tanto, el pueblo trabajador y el resto de los sectores sociales que hoy están luchando ofensivamente por reivindicaciones propias o transversales, encuentra un terreno amplio para el desarrollo de sus luchas. Evidentemente el régimen burgués tiene siempre posibilidades bajo su manga para re-tomar la iniciativa política e iniciar un proceso de reconstrucción del tejido político dañado. No obstante, el proceso de re-legitimación necesariamente pasa por asumir las demandas del movimiento obrero y popular y convertirlas en reformas reales al régimen capitalista, cuestión relativamente comprometida por la actual administración, pero abandonada hace pocos meses por la presión de la fracción más poderosa de la burguesía criolla, la que no solo domina la economía nacional sino que además controla directamente (mediante financiamiento directo y soborno) a los sectores políticas que gobiernan el país, los que por tanto conforman el partido orgánico de la burguesía local más recalcitrante de toda nuestra historia.

            Una reforma real y profunda al actual régimen de explotación y dominación político-ideológica pasaría necesariamente por la auto-destrucción de su propia fuerza y representación, cuestión evidentemente absurda. De hecho, ni siquiera la idea de un “proceso constituyente” confiere los consensos necesarios al interior de las diferentes fracciones del partido orgánico de la burguesía, dado que eventualmente podría significar una pérdida parcial de las conquistas que el capitalismo ha conseguido para su propia clase, la burguesía, en décadas de administración política. Si bien el mecanismo constituyente expresaría el camino idóneo para la reconstrucción parcial y superficial del régimen, ha sido sustantivamente desdeñado por los grupos más conservadores de la propia Concertación, quienes, por cierto, con el Ministro Burgos como símbolo, han logrado ubicarse a la cabeza (intelectualmente hablando) del gobierno de Bachelet.

A toda esta situación compleja para los intereses de la clase dominante se suma la inminente crisis económica. La clase trabajadora que hoy lidera la protesta social contra el régimen de explotación, tales como los trabajadores portuarios, del cobre, forestales, los trabajadores de la educación, los trabajadores del mar y algunos trabajadores del retail y los sindicatos organizados  en el Comité de Iniciativa por la Unidad Sindical (CIUS) se alertan sobre aquella perspectiva y alistan sus fuerzas para un enfrentamiento de intereses contra una clase capitalista que pretende defender a rajatabla su tasa de ganancia media. Por tanto, vemos que en el plano de la lucha reivindicativa ésta tenderá a profundizar sus contenidos y a extenderse a otros sectores del mundo de los trabajadores que hoy no se encuentran tan activos.

Por otro lado, independiente de las traiciones del PC al interior del Colegio de Profesores y la imposición de la Carrera Docente, el desarrollo político que han presentado los profesores de Chile en el transcurso de los últimos años los perfila como un sector de avanzada que en la medida que sepan concretar buenas y sólidas alianzas con el movimiento estudiantil podrán instalar demandas y luchas que hoy son sentidas por el conjunto del pueblo trabajador.

No podemos a su vez dejar de mencionar al movimiento estudiantil, el que pese a su masividad y legitimidad muestra claros signos de agotamiento. Sus liderazgos, especialmente aquellos que se sintetizan en la Mesa Ejecutiva Confech, no han sido capaces de dar una respuesta contundente a la problemática de la educación en Chile. En primer lugar, hay un sector liderado por el reformismo libertario (Frente de Estudiantes Libertarios) y el autonomismo social (Izquierda Autónoma), secundado por el populismo de la Unión Nacional Estudiantil (UNE), que no tiene intenciones francas de luchar con todas las herramientas que posee a mano por reformas realmente profundas y estructurales; más bien se contentan con posicionarse políticamente para poder referenciar sus alternativas orgánicas, incluso dando señales de “buen comportamiento”, “madurez” y “seriedad” en cada instancia que es posible. No es nada más que el viejo reformismo que con nuevos ropajes, busca lucir un poco más fresco. Por otro lado la izquierda revolucionaria se divide entre un sector que se acomoda en la administración de federaciones, no buscando profundizar luchas o demandas, y otra izquierda revolucionaria que pese a su crecimiento y mayor extensión aún no es capaz de cuajar la unidad, en términos tácticos, que permita desplazar de la conducción al reformismo.

            Por último, podemos observar una izquierda revolucionaria mayormente desarrollada, pero que de todos modos no posee ni el alcance ni la profundidad política necesaria como para disputar la conducción efectiva del movimiento obrero y popular al reformismo, a la socialdemocracia y a las mafias enquistadas en sindicatos y federaciones de trabajadores. No obstante, en el último ciclo de movilizaciones hemos logrado ubicarnos en posiciones estratégicas que nos han permitido instalar demandas y políticas específicas que contribuyen a profundizar la lucha de masas.

Empero, tenemos todavía tarea pendientes. Es importantísimo consolidar alianzas estables que permitan intervenir en la coyuntura de manera unitaria y que al mismo tiempo perfilen la unidad orgánica como un horizonte alcanzable en el corto plazo. Y falta de igual modo avanzar más decisivamente en la profundización de la acción radical, de la violencia organizada de masas. En ese sentido, formas elementales de lucha armada deben ser incorporadas en el movimiento obrero y popular, en los planos defensivos y ofensivos. Una izquierda revolucionaria que no es capaz de responder con fuerza material propia a las vicisitudes de la lucha de masas, no será capaz tampoco de asumir su papel como vanguardia en la lucha de clases.

            Hoy día en Chile la burguesía se encuentra sin un agente político hegemónico capaz de concitar los consensos sociales necesarios para la conservación del régimen de explotación y el patrón de acumulación capitalista. Solo existe un agente político en el poder que, como fracción organizada del bloque dominante, se encuentra desorientado políticamente. Es el momento idóneo para que la clase revolucionaria y las organizaciones de vanguardia confieran golpes certeros y letales a los intereses de los capitalistas, de modo que la re-construcción del régimen se vuelva insostenible en todas sus expresiones. El desarrollo del trabajo organizativo sobre el conjunto del movimiento obrero y popular debe privilegiar la ampliación de la protesta radical y la profundización de las demandas ofensivas que lesionen verdaderamente al capitalismo y su sistema de miseria.

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